Ello nos permite asumir nuestra tarea, desde el plano formativo, en términos de una actitud que busque dar sentido a la evaluación como camino para abordar el conocimiento de sí mismo, de la realidad en sus múltiples ámbitos, por una parte, y lo que J.M. Álvarez denomina "modos de razonar”. En efecto, el autor sostiene que "aprender no es tanto ni tan sólo acumular contenidos de conocimiento sino modos de razonar con ellos hasta aprehenderlos, interiorizarlos e integrarlos en la estructura mental de quien aprende".
En esto se Juega la evaluación, en la dimensión de
establecer modalidades de aprendizaje de contenidos, tamizados
formativamente por los modos de razonar, a partir del diálogo -en sus múltiples
matices- con las estructuras formales que conforman las disciplinas del saber,
las competencias y los valores, en la dirección de la promoción de un
desarrollo más pleno de la persona y la comunidad.
“la escuela es la única institución de
nuestra nación
que se encargaespecíficamente de la enculturación de los jóvenes
en una democracia política...
Las escuelas son las protagonistas principales del desarrollo de personas educadas que adquieren un
concepto
de la verdad, la belleza y la justicia, con el que poder juzgar sus propias
virtudes
e imperfecciones y las de la sociedad... Esta es una responsabilidad moral"
La actitud previamente descrita conlleva un compromiso ético en el plano de la evaluación
que contribuye a añadir valor a la acci6n educativa formal. Esta debe
propender al logro de mayores grados de formaci6n y humanización, como complemento
substantivo alas necesarias informaciones (que recoge la evaluación) acerca de los progresos en la asimilación comprensiva y crítica que de los diversos curricula experimentan
las personas insertas en los procesos de transmisión cultural intencionada al interior del Sistema Formal de Educación.
¿Cómo ves tú, la evaluación?